| Título: | MUERTE EN EL AULA |
| Autor: | Carlos Elois |
| Publicado en: | Tribuna del Pueblo |
| Fecha: |
Es una noticia infinitamente más trágica que la muerte de un cantante popular, pero recibirá ciertamente una milésima parte de atención por parte de los medios.
No se trata de una muerte causada por la impericia, la imprudencia o la "fatalidad”, es el corolario inevitable de la condena a muerte que se ha impuesto sobre la educación en la Argentina, que no es ni más ni menos que la condena a muerte de la Nación.
El asesinato de la profesora Marisa Prezzori en un aula en Otavarria, es producto de la horrenda crisis moral que sufre el país, estado lamentable al que se llega a través de la implementación de acciones de destrucción, y de las cuales la educación ha sido o un agente forzado.
¿A quien puede verdaderamente sorprender este acontecimiento? La educación en Argentina ha sido diezmada por políticas perversas de desnaturalización de la institución escolar, por la incompetencia y falta de sentido común en quienes toman decisiones en las más altas esferas de la jerarquía educativa, por los casi siempre desacertados y a veces aberrantes aportes de los científicos de la educación los que aun sin experiencia áulica se presentan como soberbios sabedores de “la verdad pedagógica”. Se ha confundido a los padres eximiéndolos de toda responsabilidad en el proceso educativo extra áulico, pero otorgándoles poderes de capataces sobre los maestros y profesores y ungiéndolos como verdaderos jueces de la tarea escolar.
Los directores e inspectores, ya sea por incapacidad, miedo, resignación o vergonzante complicidad, frecuentemente los estimulan en este rol equivocado.
Se ha confundido a los docentes, convirtiéndolos en dispensadores de alimentos, enfermeros, fomentistas barriales, y por sobre todo “contenedores emocionales”. La misión de instruir y complementar la educación del hogar es paradógicamente incompatible con la nueva misión de la escuela: se ha dejado a los maestros y profesores sin profesión.
Se ha confundido a los alumnos ofreciéndoles una escuela sin normas porque estas coartan la libertad, sin cuadro de honor porque es discriminatorio, sin sanciones porque la indisciplina debe ser comprendida pero jamás reprimida, sin plazos para el logro de objetivos porque hay que respetar los tiempos individuales, sin aplazos porque éstos son inhibitorios del futuro desarrollo del joven, sin esfuerzos porque a la aprobación se puede llegar fácilmente por medio de una indulgencia jubilar - llamada “promoción social”- en el sistema educativo.
Se ha confundido a la sociedad toda con falsos anuncios de mejoras y logros.
Los años de escolaridad obligatoria se han extendido, pero la ignorancia ha desplazado al saber, la patota cada vez más reemplaza al grupo de compañeros, la fuerza doblega a la razón, lo valores éticos han perdido toda vigencia, el respeto y los buenos modales no tienen lugar en la escuela. (Lamentablemente, ya casi tampoco en el hogar.)
¿Queremos verdaderamente una educación con estas características? ¿Seguiremos profundizando este estado de decadencia?
Carlos O. Elois
DNI: 11.931.231
Alsina 666 — Luján (Bs. As.)
Docente de la Provincia de Buenos Aires.
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