El debate por la legalización
del consumo de drogas
(por Francisco Ferrara ,
psicólogo ,asesor de la Secretaría de Prevención y Asistencia de las
Adicciones)
Cada tanto vuelve a instalarse en la sociedad
la polémica sobre si se debe o no legalizar la venta de determinadas drogas hoy
prohibidas.
La cuestión se sostiene en el evidente crecimiento de la problemática por el
uso de drogas en el mundo entero, aunque en muchos casos despliega
argumentaciones de discutible consistencia.
Se suele decir por ejemplo, que la legalización terminaría con las
organizaciones de narcotraficantes porque ya no tendrían de que ocuparse una
vez que las drogas entren en el mercado legal. Y se recuerda el caso de la
derogación de la "ley seca" en los EEUU, utilizada para acabar con
las mafias de entonces, dedicadas al comercio del alcohol clandestino. Esto es
discutible por varios motivos: en primer lugar, porque el recurso de legalizar
el delito para acabar con la delincuencia, de extenderse como criterio, podría
llegar a extremos absurdos
¿Para acabar con las organizaciones que se ocupan de la venta de bebés habría
que declarar legal esa actividad? En segundo lugar, porque es falso que las
mafias en Estados Unidos desaparecieran con la abolición de la ley seca.
Desaparecieron al estilo Al Capone, pero ¿quienes se siguieron ocupando del
mercado clandestino de armas, o ahora del negocio de las drogas prohibidas, con
sus quince millones de consumidores y un negocio de mas de 60 mil millones de
dólares al año? Y en tercer lugar, la trascendencia social de la legalización
o no de las drogas pasa por si aumentará o no el consumo como efecto de esa
medida, y ese debe ser el punto principal del debate.
En ese sentido, vale la pena considerar lo ocurrido con el consumo del alcohol
luego de la legalización en los EEUU, ¿aumento o bajó? Está claro que
aquellos mafiosos de la "ley seca" no soñaron con un mercado tan
formidable como el actual en el que la masa de consumidores crece día a día.
En Argentina, por ejemplo, la venta de cerveza a adolescentes se triplico en los
últimos años y el inicio a los trece años de edad es una marca que desciende
constantemente.
Otro argumento esgrimido por los partidarios de la legalización es el de la
defensa de la libertad de elección. Aqui se incluyen artistas, intelectuales,
políticos y hasta economistas como Milton Friedman, promotor del neoliberalismo
y el magnate George Soros.
Resulta encomiabie el énfasis puesto en que cada persona decide libremente si
consume o no drogas. El problema es preguntarse si en nuestra sociedad de
consumo los sujetos somos más o menos libres que en épocas anteriores.
Si la masificación dá los patrones de comportamiento y la estandarización de
los consumos , en el mundo entero han hecho crecer o disminuir nuestra capacidad
para elegir libremente, sí disponemos de mayor o menor margen para decidir que
hacemos con nuestras vidas, con nuestros hábitos o nuestro futuro.
La respuesta a estos interrogantes es vital a la hora de utilizar como
razonamiento la libre elección del consumo de drogas como un paso adelante
Pero lo cierto es que estas cuestiones suelen ser atacadas desde posiciones que
ponen el acento en el control represivo como principal política preventiva, sin
advertir la gravedad del problema, su complejidad y cómo está atravesando a la
sociedad contemporánea.
Desearíamos otro escenario para debatir algo de tanta importancia como la
legalización de las drogas. Un escenario sin frivolidades, sin cálculos
oportunistas, con seriedad y conocimiento, dejando de lado las poses
posmodernas, comprendiendo un fenómeno que compromete el futuro de nuestras
jóvenes generaciones, evitando caer en las simplificaciones de la tipificación
delictiva y, por sobre todo, advirtiendo cuanto tienen que ver con el
crecimiento actual del uso y abuso de drogas muchos de los valores que enarbole
nuestra cultura contemporánea.